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Un
recorrido por esta isla, desde sus tradiciones religiosas hasta sus playas y su
comida 'gourmet'.
San Andrés se hizo para caminar
Así
se disfruta a San Andrés San Andrés se hizo para caminar. Sus playas que se
pierden en el horizonte son para recorrer a pie desnudo como lo hacen los niños
isleños, que solo quieren ser protagonistas de una
foto.
Hay
que sentir la arena tibia y la brisa suave que viene de los cayos, hay que
trepar a la loma Barrack -el punto ancestral del
archipiélago- y hay que vivir la noche, enfundado en un vestido blanco de lino
mientras se bebe una copa de vino Malbéc en compañía
del sommelier Rubén Rosental, personaje mítico de la
noche isleña que enseña los secretos de la cava y el catar.
En
este archipiélago, declarado reserva de la biosfera por la Unesco en el 2000, vale la pena arrojarse
sin temor a navegar el mar Caribe y buscar los cayos Johnny Cay, Acuario, Quitasueño, Roncador y Albuquerque, pequeñas
islas donde se vive a ritmo de reggae y donde se sirve suculenta comida de mar.
Adriana
Albertini, una ciudadana argentina que decidió pasar
allí sus vacaciones hace un par de semanas aseguró que la pasó "encantada. La
gente es muy amable. Aunque no faltó el inconveniente: la agencia turística que
nos trajo prometió una playa impecable y nos tocó salir a buscarla. Pero la
encontramos y todo bien, estamos satisfechos".
No
se preocupe si va solo. El isleño es inigualable anfitrión. Sus mujeres son
hermosas, buenas conversadoras y están dispuestas a contar los secretos de su
pequeño cielo en una tarde en la playa. Su misión es que el viajero quede
enamorado... de la isla.
Bajo
la luna
La
noche isleña se vive en los bares y restaurantes de North End y San Luis. Con el pasabordo de Aero República se consiguen descuentos en bebidas y
alimentación de hasta un 20 por ciento en 'la ruta del vino y el
sabor'.
Se
trata de una excursión plena de gastronomía exótica, vinos y arte, en la cual
los bares, como salas de exposición, no solo ofrecen sus mejores cocteles y recetas, sino que exhiben modernos conceptos en
decoración interior.
Por
ejemplo, una cena con calamares apanados o muelitas de cangrejo y un ceviche
quitasueño con arroz de coco, o el infaltable 'pan de fruta' -comida tradicional
isleña- acompañadas de una copa de vino puede costar 50 mil pesos.
El
sol naciente de San Luis
Amanece
en el oriente de la isla. Son las 5:20 a.m. y el canto
seco del gallo hace eco en el cielo de playa San Luis. Un sol gigante se asoma
por el Caribe. Atrás, decenas de casitas isleñas hechas de madera, y con más de
un siglo de historia, guardan los sueños de la comunidad raizal, familias de
negros con rizos ensortijados y ojos verdes.
Ofelia
Martínez da el primer paso sobre las olas. Es una mujer enorme, de unos 45 años,
que lanza al mar un hilo de alambre con un arabesco extraño en uno de sus
extremos. Está de pesca: busca el desayuno para sus hijos.
Las
aguas que visitan estas costas son más oscuras que las de las playas del norte.
Aquí, en San Luis, son cinco kilómetros de arena suave, donde el turista
encuentra bosques tupidos que parecen meterse al mar y filas de canoas que los
pescadores estacionan sobre el manglar después de la jornada de trabajo.
También
hay lugares para el reposo con playas despejadas como Coco Plum, un tradicional
hospedaje en el sector de Roquiquí donde por 104 mil
pesos la noche, incluidas dos comidas, el viajero tiene descanso seguro.
Cultura
raizal en Barrack
No
es permitido visitar a San Andrés sin penetrar en su cultura. La típica casita
isleña, pintada de colores pastel y suspendida en cuatro vigas de madera eterna,
se puede encontrar en loma Barrack.
En
este sector habita gran parte de la comunidad raizal, heredera de una mezcla
fascinante de franceses, ingleses y africanos que pisaron el Caribe en el siglo
XVIII.
Para
sentir todo el vigor de la cultura sanandresana pregunte por la primera iglesia
bautista, fundada en 1844 y ubicada en el punto más alto de la geografía isleña.
Allí
se erige un templo gigante, de madera, techo rojo y que tiene el mejor mirador
de San Andrés. El nativo va a su oficio religioso elegante y pulcro: los niños,
de blanca seda; y los padres, de corbata. Los sermones se dan en inglés. Las
mujeres con vestido claro. Todos con Biblia en mano.
Aero República, Avianca y Satena son las aerolíneas
nacionales que vuelan a la isla.
Tomado del Tiempo.com |